sábado, 1 de enero de 2011

Rebeca


- No te preocupes, Rebeca, verás que de niñas vas a conocer- me dijo Vicenta mientras terminaba de abrocharme el abrigo azul marino de paño con la insignia de Nuestra Señora de Constanza hilvanada en la pechera.

Que las monjas eran buenas si no se las enfadaba, que iba a aprender mucho y que ya vería yo que bien iba a estar en el colegio donde la prima Claudia estudiaba francés. Pero yo no quería estudiar francés, ni ver a mi prima Claudia porque era una engreída y tampoco quería llevar ese abrigo con un agujero en el bolsillo izquierdo por donde se me escapaban los caramelos que Nicolás me daba a escondidas.

Yo quería seguir apoyándome en el quicio de la puerta mientras comía cerezas y escupir los huesos a las macetas.
Historia número 1 contada en la dársena 43... cuando la rebeldía grita por dentro.

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